fbpx
La Casa: Recuerdos, Raíces y Nuevos Comienzos

La Casa: Recuerdos, Raíces y Nuevos Comienzos

La Casa: Recuerdos, Raíces y Nuevos Comienzos

Aunque parezca raro, hoy me invade una nostalgia que reconozco… y que al mismo tiempo me cuesta aceptar.

Durante mi infancia, viví el privilegio de estrenar casa casi cada año. Mis padres eran aventureros: cuando yo tenía apenas cinco años, nació mi tercera hermana, y de repente me convertí en la hermana mayor “con experiencia”. La cuidaba de reojo, sin acercarme mucho: “¡No muy cerquita mijita, que si llora van a decir que fue mi culpa!”

Fue justo en esa época que mis padres decidieron vender la finca donde vivíamos. Querían empezar de nuevo, así que compraron una nueva en San Juan de Arama, en pleno corazón del Llano. Allá, donde el camino se perdía entre la sabana, y los vecinos más cercanos vivían a 40 minutos o más. Allá, donde el alma respiraba.

La casa que se construye con las manos… y con el corazón

En esa finca viví los mejores años de mi vida. Las tardes eran una fiesta de imaginación: nos tirábamos en el potrero a mirar el cielo, buscábamos animales escondidos entre las nubes, recogíamos semillas de moriche y las llamábamos “huevos mágicos”. Jugábamos a los vaqueros persiguiendo terneros a caballo —cuando llegábamos a la casa con el ternero, ¡el caballo ya estaba desensillado!

Mis padres construyeron la primera casa con sus propias manos: guadua, barro, y mucho amor. Luego, una de madera sobre piedra. Y luego otra, un poco más alta, con terraza. Esa terraza… ¡cómo brillaba al atardecer! Algunos días, el sol se pintaba de rojo, otros de naranja. A veces, parecía que se besaba con la tierra, una imagen que me persigue en la mente, y me inspira.

La casa: ese lugar donde todo empieza

La casa era el centro de nuestra vida. Nos mudábamos cada año, y en cada trasteo descubríamos tesoros, tirábamos lo viejo, y recibíamos premios por ayudar con los viajes. ¡Era la gran vida!

Y me pregunto si es por eso por lo que hoy me apasiona tanto ayudar a otros a encontrar su casa soñada. Aunque a veces los sueños parecen exagerados, yo sé que todos pueden hacerse realidad (un día les contaré una fórmula que me ha servido mucho).

Como no puedo comprarme todas las casas que me gustan (¡aún!), me hace feliz entregar las llaves de una nueva casa a alguien más. Ver esa alegría es un regalo.

También se vale soltar… y sanar

Hay veces en las que toca dejar ir. Dejar ir los recuerdos. Dejar ir una casa donde se vivió todo. Me ha tocado acompañar a personas que venden la casa de su infancia, la de la abuela, la de los hijos que ya crecieron.

Y sí, algunas veces se llora. He visto lágrimas al entregar llaves, y no puedo evitar que se me mojen también los ojos.

¿Buscas comprar o vender tu casa?

Si algún día decides vender tu casa, o buscar una nueva, visítame en Rocabella. Puede que tengamos justo lo que estás buscando… o que encontremos juntos el camino.  ¡También he tenido clientes a los que les he dicho, No vendan!  Porque no siempre se trata de encontrar un lugar. A veces, se trata de cerrar ciclos. De abrir nuevos. De construir hogar.

Te espero con gusto.

¡Feliz día!

DATOS DEL INMUEBLE


FORMULARIO PQRS